Carta de despedida a Marruecos

Todas mis cartas de despedida anteriores fueron a ciudades, pero esta, por la confianza que nos tenemos y porque siento que tuve la oportunidad de conocerlo bastante, será a un país.

¡Por dónde empezar Marruecos! Todo en vos parece parte de un sueño, algo irreal. Todavía me acuerdo como si fuera hoy ese 18 de Abril en que pisamos tus calles por primera vez, en la ciudad de Tetuán, y caminamos lo más lento que pudimos por la medina, porque queríamos usar cada segundo para ver hasta el más mínimo detalle que aparecía ante nuestros ojos. Nos sentíamos en otro mundo, en otro tiempo, en otra realidad. Todos nuestros sentidos estaban abiertos para conocerte mejor, cosa que fuimos haciendo poco a poco, durante estos 86 días en los que nos recibiste.

Algunas de nuestras primeras impresiones de Tetuán

En este tiempo aprendimos algunas palabras en árabe, uno de tus idiomas oficiales y algunas en francés, uno de tus idiomas no oficiales, pero que de todos modos se habla tanto, como un recuerdo vivo de tu reciente pasado colonialista. También practicamos un inglés que tenía que ser lo más rústico posible y así, con mucha paciencia y haciendo malabares, en general siempre logramos comunicarnos con tu gente.

En estos 86 días también viajamos a través de tus sabores, que eran, como todo, otra completa novedad. Incluso aprendimos a preparar varios de tus platos típicos, conocimientos que nos regalaste como el mejor souvenir que a partir de ahora llevaremos siempre con nosotros. Aprendimos a cocinar tagine, batboot (mi pan marroquí favorito), té de menta, licuado de palta, ensalada marroquí. De todos modos, tengo que confesarte que, sobre todo al final de nuestro viaje, extrañé un poco los sabores conocidos. No digo “normales” porque eso de la normalidad ya no existe en nuestras vidas, pero vos me entendes, me refiero a esas cosas que comes y te traen recuerdos, te son familiares. Voy entendiendo a qué se refiere esa frase que dice que hay que tener alas y también, raíces.

Distintas versiones de Tagine, algo que nunca me voy a cansar de comer

También conocimos una forma de organización urbana totalmente nueva para nosotros y tan conocida para vos: las medinas. Perderme y recorrerlas una y otra vez fue una de mis actividades favoritas por aquellos días. Son algo tan único. Son caos y magia, todo en uno, formando una unidad indivisible. Me acuerdo que cuando estábamos por llegar y le pedimos a Adbel su dirección (nuestro primer anfitrión que nos abrió las puertas de su casa a través de couch-surfing en el corazón de la medina de Tetuán), nos respondió que la mayoría de las casas en las medinas no tenían dirección. Y yo pensé cómo podía ser eso posible, cómo reciben una carta, una factura, o invitan a un amigo a su casa. Ahora recuerdo esos pensamientos de aquella Noe y veo cuántas cosas tenía por delante para aprender y conocer.

El atardecer en Tetuán, donde hicimos nuestro primer couch-surfing

Otra cosa que amé fueron tus zocos, una forma de comercio tan directa y pura como se pueda imaginar. Nada de plástico, de productos de otras latitudes, nada de grandes cadenas; productor y consumidor, nada más. Qué ricas tus verduras y frutas tan frescas, donde todo es orgánico no porque tenga una etiqueta que lo dice sino porque es la única forma de cultivo que tenés, a muy pequeña escala y para el consumo local. Fue genial ser parte de esta dinámica y hacer nuestras compras ahí, como lo hace tu gente desde hace siglos.

Algunas postales de los zocos de Tetuán, Chefchaouen y Essaouira

¡Y qué decir de tu arte y arquitectura! Te cuento un secreto: la arquitectura islámica desde siempre fue mi debilidad y vivir durante 86 días rodeada de mezquitas, azulejos y fuentes fue un deleite para todos mis sentidos. Voy a extrañar la cotideaneidad de todos esos elementos que a mí me fascinan y a vos te hacen tan bella. Y te prometo que cuando algún día me quede quieta en algún lugar, voy a volver a visitarte y comprar todas las miles de cosas que me encantaron, como teteras, alfombras, azulejos, almohadones, telas, etc, que ahora no compré porque necesito viajar liviana, para poder seguir conociendo el mundo (¡no te pongas celoso!)

Uno de esos ejemplos de arquitectura islámica que me quedaría mirando durante horas, en Tetuán

También te tengo que decir que hubo momentos en que agotaste mi paciencia, pero en toda relación es normal alguna que otra pelea, ¿no? Tenés algunas costumbres tan distintas a las mías, como esto del regateo infinito, que por momentos me superó. Sos un país intenso, ¿sabías? y nosotros quisimos verte con toda tu autenticidad, a cara lavada, vivir lo más posible a la manera local y bueno, por momentos nos fue difícil. Pero no te preocupes, no hay rencores, estoy feliz del tipo de viaje que elegí para recorrerte (a vos y al mundo), lejos de campamentos de lujo en el desierto y de otras tantas cosas que no reflejan la realidad de tu gente, y aunque a veces sea más cansador, te aseguro que cada paso valió la pena, y nos hizo crecer muchísimo como viajeros y como personas.

En Marruecos se regatea TODO, desde ropa, pasando por menta fresca hasta pigmentos de colores

Y hablando de personas, si me permitís, aprovecho esta carta para agradecer a todos los que colaboraron de una manera u otra y con su granito de arena y una inmensa hospitalidad, hicieron posible este viaje. Gracias a Adbel, Nejma, Loek, Adbelilah, Yasse y Mick por abrirnos las puertas de su casa sin esperar nada a cambio, estar felices de escuchar nuestra historia y compartir con nosotros su visión de Marruecos en primera persona. Gracias a Hamza y Zaid por ser nuestros amigos, guías y traductores en la casa de Nejma en Fez. Gracias a Nidal (en Taroudant) y Tessa (en Essaouira) por nuestras dos muy buenas experiencias de trabajo voluntario. Gracias a todos los muchísimos conductores que estuvieron felices de llevarnos en sus autos y compartir por un ratito sus viajes con nosotros.

Atardecer de un día agitado en la terraza de Medina Social Club, en Fes, con Hamza, Zaid, Intrissar y Nejma.

Y gracias a vos Marruecos. Por los momentos hermosos que vivimos. Por las montañas, la nieve, el sol, la lluvia, el desierto, el mar, los colores, los olores. Por los llamados a la oración que me ponen la piel de gallina. Por ser tan auténtico. Por haber sido el lugar que, después de mucho soñarlo, vio nacer a mi blog. Por habernos hecho reflexionar sobre tu historia, tu gente, tu cultura. Por habernos enseñado tanto y haber sido parte de este aprendizaje constante, que es el viaje, que es la vida.



¿De dónde surgen las carta de despedida a lugares?

Escribir una carta de despedida a un lugar no es algo que se me haya ocurrido a mí, sino que tomé prestada esta idea de la escritora de viaje que más admiro y es una gran inspiración para mí, Aniko Villalba, después de leer en su blog www.viajandoporahi.com, su carta de despedida a Biarritz, que me hizo emocionar hasta las lágrimas (y puede leer haciendo click acá)


PostData: relato subjetivo versus información práctica

Esta carta de despedida surge de nuestras experiencias y es 100% subjetiva. Si lo que buscan es información práctica y útil para viajar por Marruecos, con estadísticas y los datos concretos, pueden encontrar todo eso y mucho más en este posteo: Marruecos: guía práctica para viajeros (haciendo click acá).


¿Quieren leer otra carta de despedida?

Acá les dejo la que le escribí a Madrid

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