Crónica de un final de temporada anunciado

Hoy empieza el otoño en Lefkada, en Grecia, en este hemisferio. Con él (y por sorpresa) apareció este posteo, que nació como ningún otro de todos los que pueden leer en el blog. Originalmente iba a ser un posteo de Instagram, de esos que permiten hasta 2200 caracteres. Pero cuando empecé a escribir mis dedos y el teclado tomaron vida propia. Tipearon, tipearon, tipearon y no pararon hasta llegar a esto, un posteo que necesitaba lugar para estirarse todo lo que fuera necesario, sin limitaciones. Así que, ahí vamos. 

Durante gran parte de mi vida el verano fue mi estación del año favorita. Estaba asociado con las vacaciones del colegio, las guerras con bombitas de agua, el carnaval y más. Pero en algún punto que no puedo precisar con exactitud me dí cuenta de que esa preferencia había cambiado y mi temperatura de confort no superaba, como muy máximo, los 25 grados. 

Bueno, la temperatura del verano en Lefkada supera por mucho, muchísimo, esos 25 grados ideales y puede llegar hasta 40. Y en este punto hago un paréntesis para agradecer al dios del house-sitting por habernos mandado una casa con aire acondicionado donde pudimos refugiarnos de este clima abrasador. “Pero qué importa si hace mucho calor, total estás en la playa”. “Si tenés calor podés meterte al mar y listo”. “Pasar un verano entero en la playa, ¿qué mejor que eso?”. Estas son, quizás, algunas de las cosas que están pensando mientras leen este posteo que ya se puede adivinar como catártico. Y también son las cosas que yo misma pensé un montón de veces durante los últimos tres meses. Así que acá va un humilde intento por responderlas. 

Primerísimo y principal, ojo, no hay que confundir estar de vacaciones con vivir en un lugar con playa que vive de la temporada, porque definitivamente no son la misma cosa. 

Después de los muchos meses que llevamos en Lefkada todavía no me acostumbro a un lugar tan pero tan dependiente de las temporadas, en el que la vida entre en el invierno y el verano somo como el el ying y el yang.

Hay un sólo lugar donde ví pasar tantas temporadas como acá y es Buenos Aires. A partir de este punto van a aparecer una serie de comparaciones entre Lefkada y Buenos Aires. A simple vista podría parecer ridículo comparar una isla griega de 10.000 habitantes con la capital de un país que ella solita tiene más habitantes que todo Grecia. Pero la cosa es que son los dos únicos lugares en donde estuve tanto tiempo, así que por eso y sólo por eso, me permito las comparaciones super subjetivas que siguen. 

Entonces, volvamos al invierno y al verano, a Buenos Aires y a Lefkada. Claro que en Buenos Aires también tenemos estaciones y la temperatura cambia mucho — de hecho, muchísimo más que en Lefkada— entre el verano y el invierno. Pero más allá de eso, más allá de las vacaciones de la escuela y de la facultad, de que el bondi o el subte pueden ir un pelo más vacíos en verano gracias a los que se toman quince días de vacaciones; más allá de todo eso, la vida sigue más o menos igual. 

La gente que tiene un hobbie regular durante todo el año, seguramente pueda seguir practicándolo (de manera normal o en modo intensivo) durante el verano. La gente que va a comer o tomar un café a su lugar preferido va a poder seguir haciéndolo durante todo el año más allá de la cantidad de grados que alcance el termómetro. Los colectivos van a seguir circulando todos los días. Los aviones van a seguir llegando y saliendo de los aeropuertos (por lo menos en el Buenos Aires que yo recuerdo, pre 2020, pre pandemia y pre todo lo que ya sabemos). 

En Lefkada todo eso que para mí era “lo normal”, eso que toda la vida dí por sentado, no funciona de la misma manera. 

En Lefkada hay actividades que sólo se pueden hacer en el verano y otras que solo se pueden hacer en el invierno. Y no hay pero que valga. Cuando empecé mi taller de escritura creativa en un bar de Lefkada era finales de Junio, el verano estaba en la puerta y yo ni enterada de eso podía influir de alguna manera en mi taller. A medida que pasaban las semanas y el taller no avanzaba según lo esperado, mucha gente me ofreció —con mucha amabilidad— una justificación a modo de consuelo: “es que esa es una actividad de invierno”, decían. ¿Una actividad de invierno? Pero si yo escribo todo el año…

Actividades que sólo se pueden hacer en Lefkada en Verano: comer pochoclos y comprar morrones baratos.

En Lefkada hay muchos —un montón— de restaurantes, cafeterías, locales de venta de inflables para el agua, toallas de playa, juguetes para la arena, excursiones, ropa y mil cosas más que en el transcurso de los próximos diez días van a cerrar y no van a volver a abrir hasta Abril o Mayo de 2021.

Algunas de las muchas chucherías que se pueden comprar en Lefkada en verano

Nosotros no vamos mucho a comer afuera y si bien amamos el café no encontramos en Lefkada una sola cafetería que tuviera un café mejor que el que preparamos en casa con la super cafetera que nos tocó en suerte. Y aunque estamos felices de que algunos restaurantes vayan a cerrar —especialmente el que está abajo de la ventana de nuestra habitación y cuyo ruido soportamos durante todo el verano— no puedo evitar preguntarme cómo será eso de ver cómo uno a uno van cerrando un montón de locales, como si los mortales que nos quedamos acá todo el año, no fuéramos suficiente motivación para tenerlos abiertos. 

En el próximo mes también cerrará el aeropuerto más cercano que tenemos al ladolado de la isla, en la ciudad de Preveza. ¡Cerrará el aeropuerto! ¿Se imaginan cómo sería si en Buenos Aires, por ejemplo, el Aeroparque Jorge Newbery funcionara sólo seis meses al año? Bueno, quizás no sería tan dramático porque, aunque más lejos, quedaría el Aeropuerto de Ezeiza. Pero en Lefkada sí es dramático. Para que se imaginen, el aeropuerto de Preveza queda a una hora y media de distancia y el pasaje en bus cuesta 3 Euros. Cuando cierra, el aeropuerto internacional pasa a ser el de Atenas, a cinco horas de distancia y un pasaje que cuesta 33 Euros. Saquen sus propias conclusiones…

Con el trabajo la situación es más o menos igual de extrema entre una estación y la otra. La gran mayoría de la gente que trabaja en Lefkada lo hace en algo relacionado con el turismo, durante la temporada desde principios de Abril hasta fines de Septiembre. Eso significa que durante esos seis meses, en muchos casos, trabajan TODOS LOS DÍAS y cuando escribo TODOS LOS DÍAS es TODOS LOS DÍAS, sin parar, sin descanso, sin francos, feriados o fines de semanas. TODOS LOS DÍAS. Se pueden imaginar cómo llega esa gente al final del verano: absolutamente agotada y suplicando que por favor el fin del verano llegue cuanto antes para que la vida vuelva a un ritmo más tranquilo. Así, la relación locales-turistas es de amor-odio. Por un lado les parece un horror que la isla se convierta en un hormiguero de gente atraída por lindas playas y summer vibes. Por otro, necesitan de su presencia (y de todo el dinero que dejan) para sobrevivir.

Graffiti en una esquina de Lefkada: bienvenidos refugiados, turistas váyanse a su casa.

De Octubre a Abril los lefkadianos (¿será correcto ese gentilicio?) tendrán algunas opciones: irse a otro país a trabajar durante la temporada de invierno, que será más o menos parecida pero con —mucha— menos temperatura; tener vacaciones; irse a alguna ciudad a estudiar; etc. Algunos pocos se quedarán en Lefkada trabajando todo el año en los locales que quedaron abiertos, ahora sí, a un ritmo de trabajo un poquito más humano. 

A principios de Agosto, el mes pico de la temporada por estos lados, el Enero del hemisferio Norte, pregunté en mis historias de Instagram cómo se imaginaban que era vivir en una isla griega en verano. Hice bastante hincapié en esa famosa diferencia entre vivir y estar de vacaciones, por si acaso quedaban dudas. Hubo un montón de respuestas diferentes pero quiero citar una en particular: “un sueño”, decía. 

Una de las cosas buenas del verano: la playa (aunque esta foto de Porto Katsiki desierto, es del invierno)

Claro que no había respuestas correctas o incorrectas a esa pregunta, así como tampoco hay sueños correctos e incorrectos. Y el sueño de algunos puede ser totalmente opuesto al sueño de otros. 

Aunque ahora parece que escribo estas letras así, livianamente, me costó un trabajo mental enorme entender esto y poder decirlo en voz alta (o escribirlo en un posteo público, que sería lo mismo). Durante mucho tiempo me sentí terriblemente culpable por no estar estallando de felicidad cada segundo por estar cumpliendo, ¿el sueño de otros? 

También temía que estas líneas pudieran sonar a que me quejo de llena y un poco indignantes para muchos que darían todo por pasar un verano entero en una isla de Grecia. Espero que, mis queridos lectores, entiendan que ese no era el objetivo de este posteo, sino, como siempre, compartirles mi visión y experiencia, totalmente personal y subjetiva, de cada lugar que aparece en nuestro camino. Después de todo, también a mí me tocó leer cosas que me rompieron el corazón sobre lugares que amo, por ejemplo: 

“La suciedad de los callejones, el hedor que se extiende por toda la ciudad desde los contenedores de basura abiertos, los infinitos socavones en calles y aceras, las subidas y bajadas, todo ese desorden, esa confusión y ese caos que convierten a Estambul en ella misma me provocan la impresión de que no es la ciudad la insuficiente, mala y deficiente, sino mi vida y mi alma.”

(“La infelicidad es odiar a la ciudad y odiarse a uno mismo” capítulo del libro Estambul, de Orhan Pamuk)

Si bien ya vimos pasar casi tres estaciones acá y hoy estamos entrando en la última que nos quedaba por ver, sigo sin entender cómo es esto de vivir en un lugar tan dependiente de las temporadas (y del turismo que traen consigo, claro). 

Un local que vende guantes anunciando la temporada que se viene (con un texto mal escrito)

Pero ojo, y aunque parezca contradictorio, eso no significa que no agradezca cada día por estar acá y por toda la suerte que tuvimos  por estar cuidando una hermosísima casa con tres gatos que amamos en un momento del mundo tan complicado. Antes de empezar a vivir viajando, lo que yo más quería era tener experiencias, de las más distintas posibles, a modo de colección, para poder conocer otras culturas y maneras de habitar el mundo. Junto con esto quería escribirlas para mí y para quien quisiera leerme. Y si bien no todas las experiencias fueron totalmente positivas y muchas me hicieron ver que no elegiría ciertos tipos de vida, agradezco infinitamente haber tenido la oportunidad de vivirlas. Por eso nada más y por saber que tengo la posibilidad de elegir, cada día de viaje, con todo lo bueno y lo malo, valió la pena. 

Algunas de las muchas playas que conocimos, sin discriminar estaciones, durante el invierno, primavera y verano en Lefkada

2 thoughts on “Crónica de un final de temporada anunciado

  1. Maravilloso relato, realmente lo devoré. Casi me sentí caminando hacia la playa también coincido en que son los dos lugares que más tiempo pasé en mi vida, y agradezco a Dios y al Universo que el cierre del mundo me tocó en ese paraíso griego, en primavera, en una hermosísima casa y muy cuidada por Uds. Hay lugares donde uno se queda y lugares que quedan en uno.

  2. I live close to the Arctic circle and for us the change of the seasons is quite strong. Thinking about south like Greece gives here theidea that the summer over there lasts all year through. At least the locals seem to know when the summer ends while they close their shops. So my childhood truth about summer – it is summer when the sun is shining – doesn’t seem to be valid over there.

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