Ait Ben Haddou y Ouarzazate: la dupla terracota


Antes de empezar, una pequeña advertencia: ¿qué es este posteo?

Esto es un relato de nuestras experiencias y es 100% subjetivo. Si lo que buscan es información práctica y útil para viajar por Marruecos, con estadísticas y los datos concretos, pueden encontrar todo eso y mucho más en este posteo: Marruecos: guía práctica para viajeros (haciendo click acá). Hecha esta aclaración, vamos a lo que nos compete…


Ait Ben Haddou (o todo lo que está bien en el mundo)

Después de salir de Imlil, viajar a dedo en cinco transportes diferentes durante diez horas, con 40 grados de temperatura y atravesar las montañas Atlas (si no leyeron, ¡se los recomiendo! y lo encuentran acá), casi de milagro llegamos a Ait Ben Haddou. Y ya por esa llegada, que no sabíamos cuándo o cómo iba a suceder, desde el minuto cero Ait Ben Haddou fue un lugar más que especial para nosotros.

Ait Ben Haddou fue también el primer lugar de nuestro viaje donde el clima nos hizo adaptarnos 100% al entorno y eso fue un aprendizaje infinito. Viniendo de la ciudad esto era toda una novedad para mí, pero en algunas zonas de Marruecos eso es lo que les permitió sobrevivir entornos y climas tan hostiles. 

Llegamos a Ait Ben Haddou cuando ya era de noche, el calor agobiante del día había desaparecido y lo único que se veía era una enorme sombra con forma de montaña que se levantaba del resto del paisaje, que parecía plano y vacío. Nada más. Eso era todo. Y fue suficiente para hacernos planificar un despertar al amanecer, para poder conocer el Ksar antes de que abrieran los negocios de souvenirs, antes de que llegaran los micros repletos de turistas, antes de que se despertara el mundo y antes de la que la temperatura convirtiera la escena en el infierno mismo. Para cuando eso sucedió, ya estábamos de vuelta en el único lugar donde se podía estar: la pileta de nuestro hospedaje. 

El único lugar de nuestro viaje donde tuvimos pileta, que con esas temperaturas, sabía a gloria…

Qué interesante pensar cómo las maneras en que llegamos o cómo elegimos vivir los lugares pueden cambiar 100% nuestra perspectiva. Si en lugar de la forma en que lo hicimos, hubiéramos llegado en un micro repleto con otros sesenta turistas, en pleno mediodía y nos hubieran soltado en la puerta del Ksar por un ratito, sin que tengamos que hacer el más mínimo esfuerzo (además del económico para pagar el “tour”), supongo que nuestra impresión del lugar hubiera sido totalmente diferente y quién sabe, quizás no nos hubiera gustado. En cambio, estoy muy feliz de la manera que elegimos para visitar Ait Ben Haddou (y para viajar en general), que puede ser difícil por momentos pero es nuestra y de nadie más y ya por eso todo esfuerzo vale la pena y las recompensas son enormes. 

En 1987, el Ksar de Ait Ben Haddou fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Es la ciudad fortificada mejor conservada de todo Marruecos, lo cual, creo yo, es pura casualidad. No tiene ningún tipo de restricción en el acceso, ni horarios de visita ni normas para visitarlo, simplemente está ahí, apoyado en el medio de la nada y cualquiera puede visitarlo en cualquier momento. Eso es increíble por un lado y da muchísima libertad, como ésta que nosotros aprovechamos, de poder verlo al amanecer, cuando estaba totalmente vacío. Pero ojo, porque la libertad también trae responsabilidad y como nadie lo cuida ni protege, esto es 100% trabajo de los viajeros que lo visitamos (así que ya saben, si van, hay que tratarlo con mucho cuidado…)

Vista (casi) completa del Ksar de Ait Ben Haddou
Bicromática: la cima de la ciudad fortificada de Ait Ben Haddou y un cielo azul que explota

El Ksar de Ait Ben Haddou es uno de los lugares que más me impactaron en Marruecos (y en toda mi vida). Está construido enteramente de barro, creando así un límite muy difuso entre el terreno y el edificio, en el que todo parece un mismo elemento, característica muy típica de la arquitectura del sur de Marruecos. También es curioso pensar, que así como nació de la tierra, un día volverá a la tierra, nada más que por el propio paso del tiempo…

En sus orígenes, allá por el siglo XVII, fue una parada muy importante para las caravanas de camellos, tanto en dirección al desierto del Sahara como en dirección a Marrakech.

Hoy en día no hay más caravanas, pero por su ubicación y su singularidad, sigue siendo una parada muy importante para los viajeros que transitamos por esa misma ruta, ya no en busca de oro, plata, sal o esclavos, sino en busca de aventuras…

Y más allá del Ksar, que lo es todo, me llamó muchísimo la atención el paisaje que lo circunda. Vendría a ser una mezcla entre el planeta Marte y la luna. Parece mentira que en el mismo país vimos montañas tan verdes en Tetuán y Chefchaouen, y ahora sólo veíamos marrón, terracota, algunas poquitas casas, y después, nada más…


Ouarzazate, una parada para hacer Couch-surfing 

Ouarzazate fue, literalmente eso, una parada para hacer Couch-surfing. Era un lugar que no nos interesaba conocer, con una temperatura de 38 grados, que superaba por mucho nuestro límite de confort. Pero estaba a mitad de camino rumbo a Tagounite, nuestra siguiente parada, así que por eso decidimos pasar una noche ahí, en la que es considerada “la puerta al desierto del Sahara” y hospedarnos mediante Couch-surfing. 

Para hacerlo elegimos a Abdelilah, un marroquí que según su perfil de Couch-surfing había hospedado a casi 300 personas y tenía publicada una estadística detallando de qué país del mundo era cada uno. Estas dos cosas ya hacían que tuviera un perfil fuera de lo común y me diera ganas de conocerlo. También aclaraba que el lugar para dormir eran unas mantas en el piso en el salón  multipropósito que se usaba como living, comedor, sala de juegos o lugar para hospedaje de huéspedes. Además, ofrecía la posibilidad de compartir las comidas de la casa con la familia y solicitaba una colaboración económica para esto. También decía que tenía tres hijas de diferentes edades. Todo nos pareció perfecto, él nos aceptó y allá fuimos. 

Cuando llegamos todo era tal cual decía su perfil. Como era el mes de Ramadán y ellos estaban ayunando, esperamos unas dos o tres horas y compartimos el iftar (desayuno) con toda la familia, dos o tres horas en las cuales las mujeres de la casa (porque si, había dos mujeres y -creemos que- las dos eran SUS mujeres…) se lo pasaron preparando una cantidad enorme de cosas, dulces y saladas, para el momento del desayuno. 

En la casa de Abdelilah vimos un buen ejemplo de cómo funciona la sociedad marroquí con respecto a (la mayoría de) las mujeres: él era el jefe de la casa, el único que hablaba inglés, el único profesional y el único que trabajaba (era ingeniero y trabajaba en la planta de energía solar más grande de África, que está en Ouarzazate). En cambio, el trabajo de las mujeres era cocinar y cuidar a los hijos. Ellas no hablaban inglés (¿dónde lo podrían haber aprendido? ¿para qué lo necesitarían…?) Cuando le dimos a Abdelilah el dinero para colaborar con la comida tan rica que habíamos compartido, nos agradeció y dijo “Ahh, gracias, esto es para colaborar con las mujeres”…porque claro…”la comida es cosa de las mujeres………………..”

Las hijas, que tenían 12, 6 y 2 años, tampoco hablaban inglés, pero con el paso de las horas, sobre todo con las dos más chicas, eliminamos todas las barreras idiomáticas que nos separaban y creamos nuevos lenguajes que no necesitaban palabras: inventamos juegos, hablamos con mímica y nos reímos muchísimo. Un rato después, Makal, la hija de 6 años, que para ese momento ya era como mi mejor amiga, me regaló uno de sus juguetes, una mariposa rosa de plástico. En ese momento creí que me iba a explotar el corazón de ternura. 

Makal y Noe, un sólo corazón

Un rato más tarde Abdelilah se fue a trabajar. Trabajaba de noche, porque durante el día es literalmente imposible trabajar con ese calor. Nosotros nos preparamos para ir a dormir porque estábamos agotados y las mujeres se prepararon para ir a pasear y a la plaza con las hijas. Durante el verano en general y durante el mes de Ramadán en particular, aquellos que tienen la posibilidad, invierten por completo los horarios, porque de noche es cuando pueden comer y cuando la temperatura se vuelve más o menos tolerable. Entonces es lo más normal del mundo ver a chicos, grandes, familias, amigos dando un paseo o jugando en la plaza a la una o dos de la mañana. 

Para cuando las mujeres y las hijas volvieron nosotros ya estábamos dormidos hacía varias horas. Esa noche dormimos sobre frazadas, y a pesar del calor cubiertos de pies a cabeza (cara incluída), porque era imposible estar de otra manera con la cantidad de moscas que había. Nunca en mi vida había estado en un lugar con tantas moscas…esto no estaba en el perfil de Couch-surfing…ja.

Sin filtro: así se vea la atmósfera por la luz reflejando en las mantas rojas (y así dormimos, con la cara tapada)

Al día siguiente nos despertamos y tuvimos que hacer poco para prepararnos: habíamos dormido vestidos, tal como llegamos y así mismo nos fuimos. Y si, puede que Ouarzazate no nos interesara para nada, terminó siendo uno de los momentos más auténticos de nuestro de nuestro viaje por Marruecos, en el cual fuimos testigos una vez más de aquella cultura tan diferente a la nuestra en la que ahora estábamos inmersos y en el que recibimos más amor, todo esto, una vez más, gracias a Couch-surfing. 


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PostData 2: ¿cómo seguimos?

Si quieren leer el siguiente capítulo de esta aventura y lo que pasó después de Ouarzazate, pueden hacer click en la foto de abajo para leer el siguiente posteo…

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