Chefchaouen, el rincón del mundo donde todo se tiñó de azul

Chefchaouen era uno de los lugares de donde más habíamos visto fotos increíbles, de donde más habíamos escuchado sensaciones hermosas, de donde más expectativas teníamos.

Por esto y porque queríamos viajar lento y estar en Chefchaouen bastante tiempo, hacía tiempo que teníamos arreglado hacer un trabajo voluntario en un hostel durante dos semanas, a cambio del cual tendríamos alojamiento y tres comidas al día gratis, lo que ayudaría muchísimo a la economía del viaje. 


Pero antes de seguir leyendo una pequeña aclaración: ¿qué es este posteo?

Es un relato de nuestras experiencias y es 100% subjetivo. Si lo que buscan es información práctica y útil para viajar por Marruecos, con estadísticas y los datos concretos, pueden encontrar todo eso y mucho más en este posteo: Marruecos: guía práctica para viajeros (haciendo click acá).


La primera impresión -no siempre- es lo que cuenta


Cuando llegamos, hacía rato que había atardecido y estaba próxima la noche. También llovía y hacía un frío para el que no estábamos mental ni físicamente preparados, ni siquiera poniéndonos toda la ropa disponible que teníamos (¿frío en…Marruecos? ¿qué locura era esa?). Además de esos pequeños detalles que no fueron una gran bienvenida, nos encontramos con un trabajo voluntario que por varios motivos no funcionó, entre ellos y para que se hagan una imagen mental de cómo fue nuestra primera noche en Chefchaouen, tuvimos que pasar varias horas intentando dormir en la terraza, compartiendo una cama de menos de una plaza, sin frazadas ni almohadas, mientras las gotas de agua helada atravesaban el intento de techo de bambú que había y nos caían en la cabeza. (Si quieren conocer más detalles de por qué éste y otros dos intentos de trabajo voluntario no funcionaron en Marruecos, pueden leerlo haciendo click acá). 

Al día siguiente, nos fuimos de ese desastre de lugar y reservamos una habitación por Airbnb con todo el cambio que significó eso para la economía de nuestro viaje. Era una habitación privada en una casa donde también vivía el dueño, un estadounidense que hacía unos meses se había instalado en Chefchaouen y que tenía una cocina donde había un sólo cuchillo (literalmente). La cama de la habitación era nueva, pero era, diría, la peor cama en la que dormí en mi vida, dura como una piedra, tanto que te hacía doler el cuerpo con sólo pasar cinco minutos acostado. Aún así, a pesar de todo, la casa tenía un techo convencional, la lluvia no nos mojaba y con eso ya estábamos más que felices.

Poco que agregar: puertas de Chefchaouen

Dicho esto, se pueden hacer una idea de cómo fueron más o menos nuestras primeras 24 horas en Chefchaouen y lo que pretendo demostrar con esta breve introducción, es que ese famoso dicho que dice “la primera impresión es la que cuenta” no siempre se cumple. Como ya se estarán imaginando, nuestra primera impresión no fue la mejor…

Y no sólo la primera. Después de esa noche desafortunada en el intento de trabajo voluntario en el hostel, pasamos otros doce días en Chefchaouen. De esos doce días, dos estuve enferma, y cuando digo enferma quiero decir MUY enferma. Tuve lo que llaman “diarrea del viajero”, la típica enfermedad que sucede cuando viajamos a lugares con condiciones de higiene inferiores a las que estamos acostumbrados y el cuerpo todavía no está adaptado a las bacterias locales. Durante esos dos días, gracias a los vómitos y la diarrea, estuve tan mal que no pude levantarme de la cama porque no tenía fuerzas ni de caminar (si, de esa cama que dolía). Cuando me repuse, le pasó exactamente lo mismo a Omar (y menos mal que no nos pasó a los dos al mismo tiempo). Cuando los dos finalmente nos repusimos, llovió casi sin parar durante cinco días, una lluvia fea, finita y con frío.

Aún así, con todo lo que nos pasó, que podría habernos dejado un mal recuerdo, sucedió todo lo contrario y Chefchaouen fue el lugar que más nos gustó (o por lo menos uno de los dos, está MUY difícil el desempate con Essaouira), de todo nuestro viaje de tres meses por Marruecos. Así que imagínense cuantas cosas positivas tendrá para haber compensado todo eso…

Algunos de los miles de rinconcitos azules


¿Y por qué? ¿Qué tiene Chefchaouen que lo hace tan especial?

Bueno, sería más fácil contar qué NO tiene. No sé si podría decir que viajé mucho durante mi vida, no sabría cómo definir qué es mucho o poco, pero digámoslo así: en ningún lugar del mundo, de todos los que tuve la oportunidad de conocer, sentí algo parecido a lo que sentí en Chefchaouen. Caminar por las callecitas de su medina es magia pura, no hay otra forma de explicarlo, es algo imposible de imaginar antes de estar ahí. 

Y el azul…ay, ¡el azul de Chefchaouen! El azul, y más así, en cantidades nunca vistas, es paz, calma, armonía, es como estar volando en el cielo y flotando en el mar al mismo tiempo. Con este sentido lo pensaron los judíos que llegaron a Chefchaouen en la década de 1930 emigrando desde otras latitudes y lo eligieron para simbolizar un nuevo comienzo, caracterizado por la libertad y bien diferenciado del color verde, que es el color del Islam. Creo que fue una decisión más que acertada y sin duda lograron su propósito: Chefchaouen ES libertad. Y recién cuando estuve ahí me di cuenta cuánto quería conocerlo…tanto que probablemente hayamos estado conectados desde alguna otra vida.

Más rinconcitos azules

Chefchaouen fue también, uno de los lugares más auténticos y tranquilos en los que estuvimos y esto fue toda una sorpresa. Chefchaouen es uno de los mayores destinos turísticos de Marruecos y quizás por eso me imaginaba que sería un mar de gente, que sería difícil encontrar rincones vacíos donde sentarse, que todo sería carísimo. Me imaginaba ruido constante, vendedores ofreciéndome sus productos sin parar. Y resultó que ese pre-concepto no podía estar más alejado de la realidad. Es cierto que en las calles principales hay tiendas y vendedores, pero nada comparado con lo que me imaginaba. Y no sé si fueron los días de lluvia, el frío o una coincidencia mística pero resultó la medina de Chefchaouen me resultó calma y silenciosa, como si el más mínimo ruido fuera a despertar la paz que reina entre sus paredes. Es una medina que invita a sentarse en cada uno de sus rinconcitos y simplemente quedarse ahí, mirándola, viviéndola, sintiéndola durante horas. 

Algunas de las tiendas y objetos a la venta que se pueden ver en Chefchaouen, siempre con un poco de azul de fondo
Porque sí, ahí todo es sobre el azul


¿Y qué se puede hacer en Chefchaouen?

Chefchaouen no me pareció un lugar para “hacer” cosas, sino más bien para “ser”, en el más amplio sentido de la palabra, para ser todo aquello que queramos.

En mi caso, en Chefchaouen encontré un lugar para ser curiosa y meterme en cada rincón, aquellos donde llega poca gente, pisando suave como si tuviera algodones en los pies, para que mi presencia no altere en lo más mínimo el entorno. Para ser exploradora, caminar mil veces por sus calles, sentir que me gustaría caminarlas otras mil más y  saber que siempre voy a descubrir algo nuevo. Para ser fotógrafa y llevarme impresas en mi memoria y en mi cámara pedacitos de esta ciudad siempre conmigo. Para ser escritora e intentar poner en palabras todo lo que tantos siglos de historia tienen para contarme.

En resumen, si van a Chefchaouen, no busquen grandes atracciones. La medina de Chefchaouen y el acto de caminar por sus calles es una atracción en sí misma, es un museo vivo, de esos que tanto me gustan, con gente real, viviendo igual que como vivían hace muchos siglos… 

Una mujer, en el umbral de una puerta

En relación a eso de vivir como hace muchos siglos, algo muy interesante para ver cómo funciona el día a día de la gente, es caminar por el zoco. Los zocos son los típicos mercados de los países árabes, que se encuentran a lo largo y ancho de Marruecos. Para mí, simplemente caminar y perderse por los zocos, ver los productos, escuchar a la gente conversar en un idioma que no entiendo, es un plan que me fascina y nunca falla. Ahí pude ver las formas de comercio más puras que (todavía) existen, y en muchos casos, son directamente del productor al consumidor. Los días de mercado en Chefchaouen son los lunes y jueves, los campesinos bajan desde las montañas del Rif para vender lo que hayan cultivado, no importa si son seis huevos, tres cebollas o cien kilos de naranjas, cada uno vende lo que tiene. Además, es el mejor escenario para interactuar con los locales y participar de sus rituales cotidianos, que incluyen por supuesto, hacer las compras en el zoco, donde se encuentran los mejores precios (eso si, para conseguirlos, no se olviden de regatear, ¡siempre!).

Algunas postales del zoco de Chefchaouen
Y yo, haciendo compras…


Y hablando de viajar en el tiempo, un poquito de la historia de Chefchaouen

La ciudad de Chefchaouen se fundó en el año 1471 sobre una pequeña población bereber, los pobladores originales de muchas zonas del norte de África. Su fundador fue un exiliado de Al-Andaluz casado con una española convertida al islam. Cuenta la leyenda que, tras la salida de la pareja de Al-Andaluz, ella sentía tanta nostalgia que su esposo le prometió que la naciente ciudad sería similar a Vejer de la frontera, el pueblo natal de su esposa. De ahí, según dicen, viene la similitud entre ambos lugares (que aún no tuve la oportunidad de comprobar con mis propios ojos, pero está en mi lista…)

La ciudad prosperó con la caída de Granada en 1492 y la expulsión de los musulmanes y judíos de Al-Andaluz, muchos de los cuales buscaron su nuevo hogar en Chefchaouen. 

Durante gran parte de su historia Chefchaouen fue considerada una ciudad sagrada, por lo que estaba prohibido el ingreso a extranjeros, especialmente cristianos. Recién a partir de 1920, cuando se instauró el protectorado español en el norte de Marruecos, la ciudad abrió sus puertas. Los españoles permanecieron en Chefchaouen hasta la independencia de Marruecos, en el año 1956.

El color azul, hoy tan característico, recién lo introdujeron los judíos que llegaron en la década de 1930 (y a mí me cuesta imaginar cómo habrá sido antes…)

La medina de Chefchaouen vista desde lo más alto de las murallas, que siguen en pie e intactas


¿Cuántos días se necesitan para visitar Chefchaouen?

Esta es una pregunta imposible de responder. Depende de cada viajero, de lo que esté buscando, de cómo quiera conectarse con el lugar y del tipo de viaje que esté haciendo. 

Hay quienes van por unas horas, a modo de “excursión” desde otras ciudades, hay quienes van por un día, hay quienes van por dos, tres, y así hasta el infinito y ninguna de esas opciones está bien ni mal, sino que, como dije al principio, depende de las posibilidades y de lo que cada uno considere como suficiente. 

Sólo puedo hablar desde nuestra experiencia y desde nuestro paso de trece días por Chefchaouen; trece días, que comparados con la eternidad que me gustaría pasar ahí, suenan como muy poquito…


Bonus track 1: la sorpresa del entorno

Antes de llegar a Chefchaouen, el 100% de las fotos que había visto eran de la medina y por supuesto, azules. No tenía recuerdo alguno de haber visto una foto de dónde se encontraba emplazada la ciudad antigua, por lo que bien podría haber estado en medio de un desierto o al lado del mar. Así que fue una enorme sorpresa llegar y ver el paisaje completo, con las montanas rocosas y verdes, pegadas al muro de la ciudad. Esa combinación de antigua medina azul y naturaleza tan vinculados le da a Chefchaouen, una vez más, un toque único y mágico. 

La ciudad de Chefchaouen está ubicada en la cordillera del Rif, y la medina se extendiente escalonadamente sobre las montañas, como si se hubiera ido apoyando de a poquito, sin molestar al entorno. Así fue tomando la forma natural del paisaje que la rodea y se ve como una mancha azul en medio de la inmensidad verde. 

Este tipo de imagen en la que se muestra el entorno es la que no había visto de Chefchaouen antes de llegar

Esa cercanía y conexión tan estrecha, hacen que sea muy fácil pasar de la ciudad a la naturaleza con sólo caminar pocos minutos, algo que no imaginábamos ni por casualidad. Por ejemplo, caminando unos 20 o 30 minutos desde la medina, se llega a la mezquita de los españoles, desde dónde se tienen las mejores vistas de la medina y su entorno y desde donde se pueden ver unos atardeceres que son un fuego. 

Algunas postales del camino a la mezquita de los españoles, ¿se imaginaban tanto verde alrededor de Chefchaouen?

Llegando: enfoque y desenfoque de la mezquita de los españoles

El atardecer visto desde la mezquita de los españoles


Bonus track 2: viajar con un proyecto

Desde que empezamos a vivir viajando trabajamos en el camino (¡o lo intentamos!). Pero no siempre lo hacemos a cambio de dinero, muchas veces lo hacemos a cambio de otras cosas que también nos sirven en este momento, por ejemplo, alojamientos, pasajes, seguros de viaje, etc. Chefchaouen fue el primer destino en el que pusimos esto en práctica y la experiencia nos encantó. A cambio de nuestro seguro de viaje de Assist-365, hicimos videos y textos de diferentes temáticas, mostrando cosas interesantes que aprendimos viajando. En este caso, hicimos un pequeño video-guía para viajar a Chefchaouen, que pronto estará disponible para ver en IGTV, en el cual quisimos mostrar y compartir todo lo increíble de esta ciudad, que tanto nos gustó. Fue muy enriquecedora la experiencia de estar no sólo viajando y trabajando, sino trabajando en producir algo relacionado con el lugar que durante trece días, fue nuestro hogar.

Y como siempre digo, nunca viajen sin seguro de viaje, porque más allá de que el país de destino lo exija o no, es una enorme tranquilidad para ustedes.


PostData 1: si quieren ayudarme a seguir con este proyecto, ¡no se olviden de compartir!

Si tienen alguna duda, consulta o sugerencia, pueden dejarla en los comentarios más abajo. Y si creen que a alguien le puede servir o interesar esta información, ¡les agradezco mucho que la compartan!


PostData 2: ¿cómo seguimos?

Si quieren leer el siguiente capítulo de nuestra aventura, pueden hacer click en la foto de abajo para leer el siguiente posteo…

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