El Yadida, o dos días de vacaciones nunca vienen nada mal


Viajando a dedo, no todo es color de rosas

Cuando terminamos nuestro trabajo voluntario de tres semanas en Essaouira, emprendimos camino hacia El Yadida y tomamos rumbo norte, un rumbo que nos acercaba un poquito más hacia el final de este viaje de tres meses. 


Pero antes de seguir leyendo, una aclaración: ¿qué es este posteo?

Esto es un relato de nuestras experiencias y es 100% subjetivo. Si lo que buscan es información práctica y útil para viajar por Marruecos, con estadísticas y los datos concretos, pueden encontrar todo eso y mucho más en este posteo: Marruecos: guía práctica para viajeros (haciendo click acá). Hecha esta aclaración, sigamos con el relato…

Essaouira y El Yadida están separadas por 278 km, lo cual, para Marruecos, es muchísimo. Pero como estábamos en la recta final de nuestro viaje y habíamos tenido unas muy buenas experiencias viajando a dedo  (pueden leer acá la crónica de cómo cruzamos la Cordillera del Atlas a dedo y tardamos diez horas en recorrer 228 km), queríamos cerrar el viaje por Marruecos con una despedida a lo grande y un viaje a dedo monumental de varios días, desde Essaouira hasta Tánger, recorriendo 708 km, en el cual la primera parada era El Yadida. 

Los primeros 1,5 km los hicimos a dedo sin problema. En Essaouira estábamos muy acostumbrados a hacer dedo para todo y distancias tan cortas eran moneda corriente.

Los siguientes 23,5 km los hicimos con una pareja de jubilados franceses que nos dejaron a Had Draa, pueblo que hasta ese momento no habíamos ni siquiera escuchado nombrar, donde, al parecer, había uno de los zocos más grandes del país y ellos querían conocerlo. Nos invitaron a ir con ellos y aún con lo que amo los zocos tuvimos que decir que no y seguir camino. Todavía nos faltaban 253 km, lo cual significaba, una eternidad. 

Si están esperando un final feliz, como el que tuvimos en otras ocasiones viajando a dedo, no lo van a poder leer en esta oportunidad: después de un par de horas esperando, viendo que el tránsito era 100% local, los autos iban no sólo completos sino con mucha más gente de la que deberían llevar, nos rendimos

Así, en medio de ese pueblo donde nosotros y la pareja de jubilados franceses aventureros éramos los únicos viajeros habidos y por haber, preguntamos en un pequeño supermercado si había alguna posibilidad de llegar desde ahí hasta El Yadida en micro. El hombre que nos escuchó, nos dijo que si, que había micros y un minuto después lo vimos llegar y nos abalanzamos mientras él le decía al vendedor de pasajes a dónde queríamos ir. Pagamos 80 Dirhams cada uno (unos 8 Euros) y todo solucionado. Más fácil pero menos aventurero. 

Muchas horas después, muchas más de lo que la lógica diría que debería durar un viaje en micro de 253 km, habiendo parado en cada uno de los pueblos que aparecía en el camino, llegamos a El Yadida. Y ahí, después de haber visto el camino y todo el tiempo que nos llevó recorrerlo, nos dimos cuenta de que nuestro plan de viajar a dedo, que incluía llegar a El Yadida ese mismo día y hacerlo mientras aún fuera de día no era físicamente posible. Parecía que aún habiendo viajado durante tres meses por Marruecos, todavía teníamos mucho que aprender.


Llegamos a El Yadida

Y ahí empezó otro capítulo, uno mini, de sólo dos días, los cuales después de mucho tiempo, nos tomamos para sentirnos “de vacaciones”. Y eso me hizo ponerme a pensar y me dí cuenta de un montón de cosas. Me dí cuenta de que alguien que ve mis fotos en Instagram podría pensar: “¿pero cómo, si viven de vacaciones?”, y no habría nada más alejado de la realidad. 


¿Qué significa “vivir viajando”?

Vivir viajando no es sinónimo de vivir de vacaciones, al menos para nosotros. De hecho me atrevería a decir que es casi lo contrario. Y vivir viajando con bajo presupuesto, en donde cada billete que “ahorremos” significa poder seguir cumpliendo nuestro sueño, poder seguir viajando, requiere un gran esfuerzo. Que no vivamos de manera fija en un lugar no significa que no trabajemos, tengamos horarios, rutinas, deadlines, proyectos, etc. Tenemos todo eso, como cualquier persona, sólo que lo hacemos al mismo tiempo que nos vamos moviendo. Y estamos más que felices de poder haber hecho del viaje nuestro estilo de vida. 

Por esto y porque disfrutamos mucho lo que hacemos, a veces puede ser muy difícil encontrar los límites entre lo que es “tiempo libre” y lo que es “trabajo”; entre lo que es “estar de vacaciones” y lo que es “vivir viajando”.

En El Yadida, quizás porque teníamos muy poquito tiempo para estar ahí o quizás porque lo necesitábamos, nos tomamos esos dos días para estar “de vacaciones”.


¿Qué hicimos en nuestros dos días “de vacaciones” en El Yadida?

Disfrutamos mucho del mar, que ya habíamos visto en varias ciudades, pero ahora se venía diferente, se veía sin agenda ni compromisos. Vimos atardeceres, de esos que quisiéramos que fueran eternos. Caminamos por la ciudad portuguesa sin apuros ni horarios. “¿Y no recorrieron la medina?” Resulta que lo que en cualquier otra ciudad de Marruecos sería “la medina”, es decir, la ciudad antigua, en El Yadida se llama “la ciudad portuguesa”.

El mar siempre presente, rodeando las murallas de la ciudad portuguesa de El Yadida
Y estos atardeceres…


Un poquito de historia…

Lo que desde 1956 se conoce como el Reino de Marruecos, está plagado de colonialismos, de gran cantidad de grupos étnicos y de las culturas más diferentes que iban, venían y donde cada uno fue dejando su granito de arena.

Tal es el caso de los portugueses, que entre el siglo XVI y XVIII conquistaron y habitaron varias ciudades de la costa atlántica (hoy) marroquí, como Essaouira, El Yadida y Asilah.

Durante los dos siglos y medio que estuvieron en esas tierras, se encargaron de dejar algunas huellas arquitectónicas tan impresionantes que cuando los árabes reconquistaron estas ciudades, no quisieron borrar.

Así es como hoy en día, en la ciudad portuguesa de El Yadida, se encuentran en convivencia edificios que fueron iglesias, sinagogas, mezquitas, todos juntos, todos en un sólo lugar.

La multiculturalidad sobre el cielo de El Yadida

Caminar por las callecitas de la ciudad portuguesa es como teletransportarse, es estar en Marruecos pero no tanto, es estar acá y en otro lugar al mismo tiempo. Es como me imagino que serán algunos lugares de Portugal, pero donde se escucha a la gente hablar árabe y vestir burkas. Es convivir, cohabitar, coexistir. Es algo que podría hacer una y mil veces.

Algunas postales de la ciudad portuguesa

En el año 2004, la ciudad portuguesa de El Yadida fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, justamente por ser un ejemplo de convivencia y multiculturalismo, que no se puede llamar “entre oriente y occidente”, porque Portugal y Marruecos están en el mismo meridiano, pero aún así, están separados por una distancia mucho más grande que la geográfica.


La frutilla del postre

Y como es normal cuando estamos “de vacaciones” nos dimos un pequeño “gustito” y visitamos la cisterna portuguesa, el monumento más importante a visitar en El Yadida, que nos dejó sin palabras. Digo “gustito” porque la entrada fue cara para el tipo de viaje de muy bajo presupuesto que estamos haciendo / viviendo. Costó 60 Dirhams, lo que la convirtió en la entrada más cara que pagamos en todo el viaje por Marruecos (unos 6 Euros), pero como estábamos “de vacaciones” decidimos hacerlo de todas maneras y valió la pena cada centavo. La sensación de estar ahí, en ese espacio entre dos mundos, uno real y uno ficticio, el del aire y el del agua, no tiene precio.

Y como es sabido, cuando estamos de vacaciones el tiempo pasa demasiado rápido. Aquellos dos días en El Yadida volaron y casi sin darnos cuenta, muy pronto estábamos de nuevo en la ruta, viajando otra vez rumbo norte, hacia lo que sería nuestro último destino en este viaje de tres meses por Marruecos. 


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PostData 2: ¿cómo seguimos?

Si quieren saber cómo siguió nuestro viaje en el siguiente y último destino marroquí, pueden hacer click en la foto de abajo para leer el siguiente posteo…

 

 

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