Essaouira, o el lugar a donde siempre vamos a querer volver

Cuando llegamos a Essaouira, llevábamos dos meses de viaje por Marruecos. Habíamos visto mares, montañas, desiertos, ciudades, pueblos; habíamos tenido momentos buenos y malos, frío y calor, habíamos visto mucho y necesitábamos un descanso y un ritmo de viaje mucho más lento. En otras palabras, estábamos un poco agotados de Marruecos y del viaje tan intenso que estábamos haciendo, pero aún así, guardábamos una buena cantidad de esperanzas para Essaouira. Durante esos dos meses, algunos lugares en Marruecos nos habían encantado y otros nos habían desilusionado. Ahora le tocaba el turno a Essaouira y necesitábamos creer que no nos iba a fallar. Así, después de mucho esperarlo y de mucho camino recorrido, un día llegamos a Essaouira y a partir de ese momento, todo cobró sentido. 

Postales de algunos de los tantos lugares que amamos en Essaouira


Pero antes de seguir leyendo, una aclaración: ¿qué es este posteo?

Esto es un relato de nuestras experiencias y es 100% subjetivo. Si lo que buscan es información práctica y útil para viajar por Marruecos, con estadísticas y los datos concretos, pueden encontrar todo eso y mucho más en este posteo: Marruecos: guía práctica para viajeros (haciendo click acá). Hecha esta aclaración, sigamos con el relato…

Essaouira fue como ese abrazo de reconciliación después de una pelea. Fue volver a estar en un lugar que me gustaba mucho, muchísimo, cosa que hacía bastante que no sentía en Marruecos. Fue apenas haber llegado y sentir que hubiera querido llegar días, semanas, años antes, para poder disfrutarlo un poco más. 

Essaouira fue ese lugar en el que amé tener lo que muchas veces quise tener en viajes anteriores y no tuve: más tiempo para viajar y planes abiertos. Gracias a esta posibilidad, en un abrir y cerrar de ojos, las dos semanas originales que le tocaban a Essaouira se convirtieron en tres, lo que la convirtió a su vez en el lugar donde más tiempo estuvimos “quietos” dentro de Marruecos. 

Essaouira fue el lugar que por su posición geográfica en el mapa y por su posición temporal dentro de nuestro calendario viajero, marcó el principio de la última etapa del viaje por Marruecos, un cierre de ciclo, con todas las reflexiones y sentimientos que eso implica. Marcó el reencuentro con el mar, con el viento salado, con las gaviotas, con el puerto. Essaouira fue uno de los pocos lugares en Marruecos de los que me fui pensando “acá podría volver alguna vez…”

No se puede decir que Essaouira no es muy turístico, sin duda lo es, pero de algún modo inexplicable, también es equilibrio y está exquisitamente bien balanceado con la cultura local que nunca deja de estar presente (cosa que observé durante todo nuestro viaje por Marruecos). Y además de visitantes extranjeros que vienen por unos días y siguen su camino, Essaouira supo recibir con los brazos abiertos a muchos que vinieron de viaje y la amaron tanto que se quedaron a vivir entre sus murallas y gaviotas. Por eso, en Essaouira más que en ningún otro lugar de Marruecos que hayamos visto, encontramos una enorme cantidad de oferta de comida y ambiente internacional.

Quizás en otro momento de mi vida hubiera dicho que no me gusta cuando pasa esto en un lugar, pero después de dos meses de viajar de manera extremadamente auténtica por Marruecos, de comer comida típica (que es riquísima pero como todo en exceso, cansa), y de no tener posibilidad alguna de comer un buen helado, un pequeño contacto con el mundo de los sabores conocidos y añorados, se agradece y mucho. En Essaouira aprendí que esa convivencia era posible y hoy, después de todo el camino recorrido digo que más que nada, el viaje es un aprendizaje infinito y una muy buena escuela para entrenar la tolerancia.

El día que no aguantamos más y comimos pizza italiana…en Essaouira!
Y de postre gelatto italiano…si la hacemos, la hacemos bien!


Essaouira, donde hicimos el mejor trabajo voluntario de todo nuestro viaje

Y gracias a que Essaouira fue tan generosa con aquellos que la amaron y eligieron para vivir, hicimos el trabajo voluntario que más nos gustó, porque uno de todos esos expatriados es Tessa, una mujer italiana que después de haber viajado por todo el mundo, y haber tenido la posibilidad de elegir cualquier lugar, eligió Essaouira para quedarse quieta, junto con sus perros, gatos, caballos, burros, camellos, gallinas, conejos, ovejas y tortugas, que nosotros nos encargamos de alimentar dos veces al día, mientras estuvimos en Essaouira. (Si quieren saber más sobre cómo hacemos para viajar sin pagar alojamiento, lo pueden leer haciendo click acá)

Estos son todos los animales que alimentamos y cuidamos durante nuestras tres semanas en Essaouira

Es curioso pensar que en “mi vida anterior”, lo que significa, cuando no vivía viajando, nunca me había preguntado qué comía o cómo vivía un camello, me parecía tan lejano de mi realidad como imposible de saber. Como siempre digo, soy una persona de ciudad, cosa que no me pesa, sino todo lo contrario, la ciudad me inspira y es mi alimento. Aún así, haber aprendido a cuidar todo tipo de animales dentro de una granja (¡hasta un camello!) es algo que nunca me hubiera imaginado que iba a hacer y es algo que no tiene precio. Es como si cada pedacito del viaje, en los que hemos vivido las más diversas experiencias, fuera una pequeña obra de teatro, en la que siempre nos toca un nuevo papel. Así, viajamos y jugamos a imaginarnos cómo sería una vida de tal o cual manera, en este caso, ¿cómo sería una vida viviendo en una granja en Essaouira, Marruecos y teniendo veinticuatro animales de los más diversos tipos? 

Gracias infinitas Tessa por tu inmensa y admirable hospitalidad y por permitirnos vivir esta experiencia que tanto disfrutamos. Gracias por recibirnos en tu casa hermosa, tan llena de buena energía y habernos hecho sentir que estábamos como en la nuestra, sensación que después de muchos meses viajando se agradece infinitamente. 

La casa de Tessa, donde nos hospedamos en Essaouira

En Essaouira también, nos pasaron algunas cosas que jamás hubiéramos creído que nos iban a pasar en Marruecos. Por ejemplo:


Evento insólito 1

En todo nuestro viaje por Marruecos, antes de llegar a Essaouira, nos la pasamos teniendo que regatear absolutamente todo si no queríamos pagar precios disparatados. En Marruecos, como en muchos otros lugares, el regateo es la costumbre nacional y se usa para todo, incluso para el precio de un viaje en taxi, uno de los escenarios en los que menos me gustaba regatear.

Ah, pero en Essaouira…en Essaouira les puede pasar que paren un taxi con todo su arsenal listo para una nueva batalla regateadora, pregunten el precio del viaje que quieren hacer y el taxista les responda en un perfecto inglés digno de admiración: “Si no tenés suficiente dinero el viaje es gratis…si, tal como escuchas, gratis! Por primera vez en tu vida!”


Evento insólito 2

En una de nuestras visitas al zoco (mercado tradicional árabe donde se puede comprar de todo y es concurrido en su mayoría por gente local), queríamos comprar aceitunas. En Marruecos las aceitunas son muy ricas, se comen todo el tiempo y ¡son increíblemente baratas! 

El vendedor era un viejito que usaba vestimenta típica marroquí y no hablaba más que árabe o por lo menos no hablaba ningún idioma que nosotros pudiéramos entender. Así que, como tantas otras veces en el viaje, la comunicación con señas tuvo que ser suficiente. Pero la barrera idiomática que nos separaba cayó por completo cuando una por una nos hizo probar todas las distintas variedades de aceitunas que tenía a la venta, de los colores y formas más diversas.

Elegimos las que queríamos y, de nuevo con señas, le dijimos más o menos la cantidad que queríamos (a través de señas, no hay cantidades exactas…). Una vez que cerramos la transacción aceitunística nos ofreció algo que me encanta pero que no teníamos pensado comprar: los típicos limones macerados en sal y agua, que con el paso del tiempo se vuelven tan suaves que hasta la cáscara se come en muchos platos de la cocina marroquí, como por ejemplo, el tagine de pollo al limón, ¡que es uno de mis favoritos!

Improvisando más señas de las que teníamos previstas, le dijimos que no, que no lo necesitábamos, pero no le importó y antes de que terminaramos con nuestro intento de comunicación él ya lo estaba guardando en la bolsa…¡cómo regalo!

Postal de zoco: en primer plano, aceitunas negras; en segundo plano, limones macerados


Evento insólito 3

La casa de Tessa donde nos hospedamos gratis en Essaouira, a cambio de nuestro trabajo voluntario, estaba en las afueras de la ciudad, alejada de la medina unos 8 km. 

Para recorrerlos, la mejor opción era hacer dedo, es algo super común en Marruecos, que incluso los locales usan como medio de transporte habitual (también había taxis, que eran caros para nosotros o un bus local, que pasa cada muerte de obispo y en general colapsado por la cantidad de gente).

Una de las claves para tener éxito haciendo dedo, es elegir bien el lugar donde ubicarse. Ese día, fuimos contra todas las reglas implícitas del viajar a dedo y nos ubicamos enfrente de un control policial.

Quizás en otro lugar, la policía nos hubiera dicho que no podíamos hacer dedo (se sabe que los policías no son muy amigos de esta costumbre), pero en Essaouira, el policía de turno se acercó a nosotros y contra todo pronóstico, nos dijo que nos convenía corrernos un poquito más adelante, porque justo donde estábamos nadie iba a parar, justamente porque estaba él y toda la infraestructura del control policial.

Parece que el policía buena onda nos trajo suerte, porque en menos de un minuto estábamos subiendo a un auto, que hasta se desvió de su camino para llevarnos lo más cerca posible de casa.

¡Gracias Essaouira por habernos dejado disfrutarte tanto! Nunca va a alcanzar el tiempo para caminar por las callecitas de tu medina, para mirar tus gaviotas, para recorrer tu puerto, para sentir tu viento salado en la cara. Tuvimos tres semanas para disfrutarte y no alcanzó, como pasa con esos lugares que nos dejan marcados. Por eso, como dije más arriba, nos fuimos pensando “acá podría volver alguna vez”…

Algunos rincones de la medina de Essaouira
El puerto de Essaouira, una fiesta de colores


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PostData 2: ¿cómo seguimos?

Si quieren leer sobre lo que siguió después de Essaouira, pueden hacer click en la foto de abajo para leer el siguiente posteo…

2 thoughts on “Essaouira, o el lugar a donde siempre vamos a querer volver

  1. Maravilloso y muy sentido relato,!!! Gracias Noe por contar tu experiencia de una manera tan profunda que al leerla por momentos imaginé estar con Uds y a través de tan hermosas fotografías, ya conocer ese lugar que tanto disfrutaron en Marruecos.
    Hermosa experiencia!!!

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