Imlil, un paraíso natural (y corrompido por el turismo)

Después de dos días agitados en Marrakech, seguimos rumbo a Imlil, donde en sólo 90 kilómetros, la escena cambia por completo: las motos cambian por burros, la urbanización cambia por montañas, la aridez cambia por ríos, los ruidos cambian por silencio. Todo esto hizo que el valle de Imlil sea uno de los paisajes naturales que más nos impresionaron en nuestro viaje por Marruecos. Los pueblos ínfimos ubicados tan delicadamente en las montañas hacen que ambos elementos casi se fundan en una sola cosa, y no se pueda diferenciar lo natural de lo construído. 

Verde, marrón y azul, los colores de Imlil
Después de la aridez de Marrakech, no podíamos creer lo que estábamos viendo: cascadas y ríos ¡a sólo 90 km de distancia!


Pero antes de seguir leyendo, una aclaración: ¿qué es este posteo?

Esto es un relato de nuestras experiencias y es 100% subjetivo. Si lo que buscan es información práctica y útil para viajar por Marruecos, con estadísticas y los datos concretos, pueden encontrar todo eso y mucho más en este posteo: Marruecos: guía práctica para viajeros (haciendo click acá). Hecha esta aclaración, sigamos con el relato…


Imlil y su simbiótica relación con el turismo

Lo que, lamentablemente no cambia en Imlil respecto de Marrakech, es la relación entre los locales y los turistas. Imlil es la base de todos aquellos que quieren escalar el monte Toubkal, que tiene 4167 m.s.n.m. y es la montaña más alta de Marruecos y del norte de África. Esto la hace estar muy orientada a eso y girar exclusivamente a su alrededor.

Como no hay mucho más para hacer en Imlil, las profesiones más comunes en el pueblo son: hombres con sus burros o mulas que cobran por llevar la carga de los escaladores, tiendas que cobran por alquilar o vender equipo de escalada, guías que cobran por sus servicios y hospedajes que ofrecen cenas caseras preparadas por la familia local y dueña de lugar, por valor de unos 7 u 8 euros por persona. Claro que para alguien que acaba de bajar de la montaña después de dos días de escalada y además, puede pagarlo, el plan de cena casera le sonará más que bien. Hasta ahí, todos felices. Los locales sacan el máximo provecho que pueden de la situación y los turistas tienen todo lo que necesitan sin mover un pelo: quien les lleve su equipaje mientras escalan y quienes les cocinen al volver a casa. 

Escenas cotidianas de Imlil

Y ojo, no digo que esto esté bien ni mal, no es un juicio de valor. El problema aparece cuando uno quiere salir de esa rueda de hámster que no para de girar, como nosotros, que no queríamos escalar el monte Toubkal y a quienes 7 u 8 euros nos parecía una fortuna (piensen que nosotros gastamos 10 euros por día en promedio en nuestro viaje, incluyendo TODOS los gastos…así que gastar el 70% / 80% de nuestro presupuesto diario en una sola comida no sonaba muy lógico…)

El té de menta presente en toda bienvenida marroquí, si estaba incluido en nuestro alojamiento…¡por lo menos!


¿Cómo visitar Imlil sin escalar el monte Toubkal y no morir en el intento?

Lo que nosotros buscábamos en Imlil era descansar, disfrutar de ese paisaje natural que nos dejó aliento, hacer caminatas cortas por el valle de forma independiente y a nuestro ritmo. Y como solemos hacer, cocinar nuestra comida. Pero en Imlil, eso no es así de fácil. La mayoría de los hospedajes no nos dejaban usar la cocina y otros nos llegaron a decir que si queríamos usarla teníamos que pagar una especie de “derecho de uso” de 5 euros por día…algo que nunca me había pasado en ningún viaje anterior. 

Yo, en una de las caminatas que hicimos por nuestra cuenta
Yo de nuevo, en otra parte de la caminata (spoiler alert: recuerden ese sombrero blanco para el próximo posteo)

Pero bueno, digamos que hay lugares que son como escenografías y viven exclusivamente del turismo, como Imlil, y simplemente no pueden entender que algunos viajeros no formemos parte de ese tipo de turismo que necesita y quiere todo servido, a cambio de lo cual no les importa gastar el dinero que sea necesario. Quizás para la gente de Imlil fue demasiado difícil entender que algunos preferimos viajar en modo bajo presupuesto y vivir a la manera local, como hacen ellos, cocinando en casa. En fin, digamos que por su inmensa belleza natural, la perdonamos. 


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PostData 2: ¿cómo seguimos?

Si quieren leer la crónica de cómo llegamos al siguiente destino, cruzando la cordillera Atlas a dedo, pueden hacer click en la foto de abajo para leer el siguiente posteo…

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