House-sitting: crónica de nuestra primera vez

Cuando empezamos a soñar con renunciar a nuestros trabajos para comenzar un viaje alrededor del mundo sin límite de tiempo, había muchas, muchísimas cosas que no sabíamos, pero algo estaba claro: había que hacer lo posible por reducir costos.

Así, empezamos a investigar, a leer, a buscar la forma de hacer esto realidad, de convertir nuestro mayor sueño en un nuevo estilo de vida.

Leyendo experiencias de otros viajeros que seguíamos y admirábamos, en algún momento apareció el tema de la “economía colaborativa”, es decir, distintas plataformas online mediante las cuales se buscan y ofrecen intercambios de muchos tipos, en los que ambas partes se benefician dando algo que la otra necesita, sin dinero de por medio. La parte de “sin dinero de por medio” me sonaba espectacular, ya que ese sería nuestro bien más escaso durante el viaje. En cambio, sí podríamos ofrecer en abundancia el que pronto se convertiría en nuestro mayor bien de intercambio y mediante el cual conseguiríamos lo que tanto deseábamos: tiempo de viaje. Sabíamos que el alojamiento sería el mayor gasto a cubrir, lo más caro de cualquier viaje. Entonces, allí concentramos todos nuestros esfuerzos: la prioridad era conseguir alojamiento gratis siempre que fuera posible.

Por suerte no tardaron en llegar a nosotros las palabras mágicas: House-sitting. Pero ¿qué era aquello? ¿Podía algo tan bueno ser cierto? Según estábamos leyendo, se trataba de un sistema para viajar por el mundo cuidando casas gratis. Parecía demasiado bueno para ser cierto, habría que probarlo…

A los pocos días de empezar el viaje, con mucha dedicación creamos una cuenta en una de las plataformas para realizar House-sitting y al día siguiente aplicamos a dos casas. Rápidamente recibimos la primera respuesta: la casa ya no estaba disponible, pero eso no nos desanimó. Sólo dos días después, llegaría la respuesta de la segunda casa. Esta vez no fue una negativa sino un comienzo y después de un intercambio de ocho mensajes y once días transcurridos entre el primero y el último era oficial: nos habían aceptado para nuestro primer House-sitting, en un cortijo (en España se llaman así a las casas de campo) en las Alpujarras de Granada, España. Nunca imaginamos que llegaría tan rápido y, muchos menos, que sería una experiencia tan increíble.

Por aquellos días nuestros planes eran un poco cambiantes y había muchas opciones sobre la mesa: si pasa tal cosa vamos a tal lado, si pasa tal otra vamos a tal país y así. Teníamos muchas dudas y pocas certezas. Así, la confirmación y el compromiso que habíamos asumido con nuestro primer House-sitting fue un faro en el camino, un punto de inflexión que nos sirvió como guía, para ordenarnos y continuar nuestros planes de viaje, ahora con algo concreto en el camino, que además, nos sonaba espectacular.

Desde el día que nos lo confirmaron faltaba un mes para que comenzara. Sonaba a mucho tiempo, pero pasó volando y por fin, llegó el gran día. Nos encontramos con la dueña en Motril y desde ahí emprendimos un camino de una hora, que transcurría mientras nos adentrábamos en la sierra. El viaje fue un anticipo de lo que sería toda la experiencia: un sueño. Y el paisaje…¡ay, ese paisaje! Mar, montañas, distintos tonos de verde, almendros, pueblos blancos, rutas que suben y bajan, que van y vienen, acariciando la montaña.

Y por fin llegamos al que sería nuestro hogar por las próximas cinco semanas. Inmediatamente entramos nos quedamos solos mientras la dueña iba a buscar a las perras, que estaban en el piso de abajo. Nos miramos y no hicieron falta palabras, sólo saltos de alegría. No podíamos creer lo que estábamos viendo, no podíamos creer que eso estaba pasando, que nosotros seríamos los protagonistas de esa historia. No habíamos visto fotos de la casa por dentro y las que habíamos visto de afuera mostraban muy poco, por lo que al llegar, todo fue una sorpresa, y una muchísimo más grande de lo que habíamos podido imaginar. La casa tenía una forma simple, rectangular, con ventanas a los dos lados, desde los cuales se veía en cada uno un paisaje diferente. De un lado, en la cara norte, se veía el pico nevado de Mulhacén, dentro del Parque Nacional de Sierra Nevada, que con 3478 msnm es el pico más alto de la península ibérica y el segundo pico más alto de España, y ahora, estaba frente a nuestros ojos. Del lado sur, más y más colinas, plantaciones de almendros, viñedos y mucho color verde.

Todavía encandilados por la belleza cautivadora del entorno, unos minutos después de llegar, conocimos a Ella, Alma, Anne, Patty y Scarlett, las cinco perras que íbamos a cuidar y eran el motivo principal de este House-sitting. Fue amor perruno a primera vista.

Decoración representativa de la casa

Durante el primer y segundo día tomamos nota de todo lo que debíamos hacer para no olvidarnos de nada. Eran muchas cosas y todo nuevo. Pero con el paso de los días estas rutinas se convirtieron en algo tan natural como si lo hubiéramos hecho toda la vida y nunca más miramos aquel papel. Nuestros días haciendo House-sitting son más o menos así: nos despertamos alrededor de las 8 am, pero sin despertador, sólo con el canto de los pájaros y algún que otro ladrido perruno. Desayunamos, damos de comer a las perras, que tienen que comer separadamente, una por una, en turnos. Después, en medio de alguna que otra tarea básica del mantenimiento del cortijo y nuestros proyectos personales, hacemos entre dos y tres paseos por los caminos del campo, rodeados de una belleza descomunal, paseos que todos disfrutamos al máximo, ellas y nosotros.

Escribo esto cuando nos faltan diez días para terminar esta increíble experiencia y con la sensación de querer detener el tiempo y prolongarla lo más posible. Haber hecho una parada de cinco semanas en un mismo lugar, y uno tan especial como éste, nos permitió generar rutinas, organizarnos, planear los siguientes pasos de nuestro viaje, guardar ropa en los cajones y comida en las alacenas, pequeñas cosas cotidianas que uno añora cuando está mucho tiempo de viaje y disfruta cuando vuelven a aparecer.

Estamos tan encariñados con “las chicas” (como les decimos a las cinco perras), que no hay duda de que las vamos a extrañar muchísimo cuando nos toque seguir camino. Durante este tiempo nos llenaron de amor, risas y nos alegraron el alma. ¡Como vamos a extrañar las noches mirando una película los siete juntos en el sillón, todos abrazados, con la estufa de fondo, para hacer más llevadero el frío de la noche en la sierra!

Desde que estamos acá se escuchan entre nosotros frases como “esta es la mejor casa en la que viví en mi vida” o “esto es tan bueno que no lo puedo creer”. Así estamos. No podemos decir nada más que gracias por esta experiencia, que llegó en el momento exacto, justo cuando la necesitábamos, muy al comienzo de nuestro viaje para llenarnos de motivación y así seguir recorriendo el mundo, mientras hacemos House-sitting.


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Pueden encontrar todo lo que necesitan saber para empezar a hacer House-sitting en este posteo:

2 thoughts on “House-sitting: crónica de nuestra primera vez

  1. me encantó su relato! MI esposa y yo queremos hacer lo mismo porque nos encanta viajar pero tenemos una bebe de 1 año y no sabemos si lo podriamos hacer. y necesitariamos saber cuanta plata se necesita para realizarlo. Exitos!!

    1. Hola Nery, muchas gracias por tu comentario!

      Con respecto a la beba no creo que haya problema. De todos modos tendrías que comentarlo a los dueños de la casa al momento de hacer la aplicación para estar seguro que están de acuerdo.

      Con respecto a los costos, sólo se paga una membresia anual que te permite aplicar a todas las casas que quieras durante todo ese año. El costo varía según la plataforma que elijas usar. Te recomiendo leer la guía que te dejo a continuación donde está todo eso explicado en detalle y están los costos de cada plataforma.

      https://escribiendoporelmundo.com/guias-practicas/temas-varios/guia-para-viajar-por-el-mundo-cuidando-casas/

      Muchos éxitos!

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